Anoche, al acercarme a la incorporación para subir a la SE-30, tuve por un momento la tentación de seguir adelante, sin desviarme a casa, y terminar por adentrarme en la oscuridad más absoluta para perdernos por los campos, con un destino un tanto incierto.
Quizá me sorprendiera la lluvia durante el camino, palpando el volante casi a tientas, intuyendo el trazado de la carretera, hasta que me cegara el sol naciente subiendo tras las Cordilleras Béticas y envolviéndolas de oro.
Durante un segundo tuve aquel sueño, estando aun despierto. No obstante, torné finalmente a la derecha en el último momento y dejé a un lado mis ensueños para otro día, espero que no muy lejano y ciertamente más afortunado que ayer.