En busca de sentido

Los antiguos caminos siempre llevan al mismo lugar. A veces, encontramos pequeños cambios en recodos poco transitados, árboles y flores ya no visibles o alguna piedra cambiada de sitio. Pero aún siguen en alguna parte, no se han ido del todo. Algunas ramas han caído tal vez al agua y llegado hasta un remoto humedal, quizá no muy lejos; otras se han fusionado con la tierra que ahora pisamos, la misma tierra mezclada con polvo de hace décadas y nuevo polvo caído de las laderas vecinas. Son los nuevos detalles los que pueden hacernos parecer que el sendero ha cambiado de destino o bien desaparecido, pero finalmente descubrimos que sigue ahí, yacente, sempiterno, fruto del paso de los años, esculpido por miles de pisadas del pasado, abierto, como una invitación a seguirlo.