Miopía

No ver más allá de tus narices es tan peligroso como ver demasiado lejos y tropezar con lo que tenemos delante. No hay ningún modo óptimo de caminar por la vida, siempre cometeremos errores por no saber en cada momento lo que nos conviene hacer o no poder pensar suficientemente en ello.

Durante muchos años ansié ponerme gafas sin que me hicieran falta, pues nací con una vista aguda y el mejor color en el iris para mirar y ser visto. Al final me las pusieron y no tuve tampoco el resultado que esperaba. Nunca estoy satisfecho al lograr lo que persigo. Es normal.

La belleza verdadera

Verdadero, bueno y bello: Verum, bonum et pulchrum.

Tales fueron las máximas con que me machacaron hasta el tedio, durante una alargada y aletargada adolescencia. Las directrices del motor inmóvil aplicadas al amor a la verdad. Aún recuerdo con temor aquellos inmensos tomos pesados que invitaban a la hiperreflexión, imposibles de leer, aquellas estanterías repletas de ensayos imposibles de abarcar no solo en una, sino en mil vidas dedicadas al estudio de cosas inútiles pero inspiradoras. Y sin embargo tenían razón. La verdad es sinónimo de belleza, la belleza nos cautiva y nos hace ver como bueno aquello que quizá no lo sea, aunque lo parezca. Y este es el motor que nos impulsa a actuar aun a nuestro pesar.

Gracias Filosofía, gracias Sabiduría. Os debo una.

Poder es poder

Somos animales iluminados, inspirados, dotados de un gran poder y ansias de poseer más. La única especie del planeta obsesionada con controlar lo incontrolable, no solo lo relacionado con nuestra especie, sino también con alcanzar el control sobre el resto de seres, vivientes e inertes y, no contentos con eso, también sobre el medio que nos rodea.

No nos conformamos, siempre querremos más. No es algo natural. La naturaleza no trata de abarcarlo todo, pero sí entiende en cambio de hábitat, de proteger territorio y familia. Hemos llevado este instinto básico hasta el límite de lo necesario y vital hasta convertirnos en un peligro, en un depredador contra nosotros mismos. Tal es la verdadera humanidad. Una herida abierta que no logra sanarse sino echándose tierra encima.

Todo lo salva el poder. Todo acto es perdonable a cambio de poder. Y sin embargo no sabemos qué hacer con él. Vagamos sin rumbo y nos acercamos temerariamente a peligros que pueden arrebatarnos de súbito todo cuanto con tanto esfuerzo hemos conseguido. Aún no tenemos el control sobre la fuerza más difícil de controlar: la que supone controlarnos a nosotros mismos.

Un alto en el camino

A veces resulta importante parar antes de que todo se ponga peor, y hacer un alto en el camino. Las pausas son importantes porque nos permiten coger impulso para seguir andando. Mas sabio es no posponerlas demasiado para no hacer de la vuelta al sendero un pensamiento que nos aterrorice.

Una de mis paradas favoritas la constituye una finca edificada sobre una colina de color marrón, con vistas a las marismas. Pasé decenas de veces por allí delante de niño, camino del Sur, sin saber que un día iba a acabar entrando en ella. Fue más grande y rústica de lo que esperaba, aún lejos de la sierra, pero no por ello urbana. Al contrario, queda aproximadamente a medio camino de nuestra ruta hacia la libertad.

Saldremos de esta

Como aldeanos luchando por su libertad a cambio de miseria, como andaluces perdiendo sus casas para poder proteger sus bosques, como moros peleando por sus antiguas huertas, como cristianos trepando por riscos escarpados para hincar su bandera.

Como muchachas vestidas de rojo, calzadas con espadañas, como niños sin miedo a mostrar sus miedos, como novios que caminan de la mano a cualquier edad.

Hoy me he dado cuenta de que saldremos de esta como siempre hemos salido, como un pueblo indestructible, como un país fuerte y unido, como la única nación capaz de destruirse a sí misma varias veces y que aún sigue de pie. Uniremos nuestra voz en un solo grito y aplastaremos al enemigo invisible.

Insomnio

El insomnio ayuda a escribir. En el espacio de dos noches sin poder dormir he sido más productivo que en los dos últimos años. Tenía ideas, pero no podía escribirlas. No por falta de tiempo —que no me sobra, pero que tampoco es del todo ausente—, ni por falta de capacidad, ya que cuando me pongo lo hago, sino más bien y sobre todo por falta de decisión. Y la decisión lo es todo, más allá de tiempo o capacidades, que vienen por añadidura después, cuando ya se ha hecho lo más difícil, que es dar el paso.

Focus

Y lucha, lucha sin parar. No por ti, ni por demostrar nada a tus enemigos. Lucha por tu idea, que es única, y nadie mejor que tú sabrá llevarla a buen puerto.

Lucha por tu ideal, por el objetivo que persigues. El tuyo siempre será único. Nadie podrá arrebatarte el modo de hacerlo, porque solo tú sabes hacerlo mejor que ningún otro. Solo tú puedes alcanzar lo que persigues. Los demás únicamente pueden copiarte sin el mismo fin o bien buscar un fin similar, pero hacerlo a su modo.

Películas de guerra

Nos criamos entre llantos y gemidos épicos, acordes malditos que nos ponían la piel de gallina y nos incitaban a movernos y tirar para adelante, sin dejar que nos tragase el sofá, aunque todo el show duraba mientras estuviéramos confortablemente sentados en medio del salón. Allí se hacían realidad y tornaban en materia los sueños de otros visionarios más capaces, años más tarde infantilizados, reducidos al olvido o al desdén.

El cine nos liberó, igual que hacía con la gente en sus inicios, abriéndonos la puerta a imaginar de otra manera enteramente distinta, más cómoda, pero no por ello peor ni mucho menos valiosa. Al contrario, hacer una buena película debe ser el trabajo más duro del planeta.

Trayecto

Cuando era pequeño me encantaba ver cualquier medio de transporte. Coches, trenes barcos y aviones, cohetes espaciales… El vehículo es el medio de alcanzar lo inasible, lo inalcanzable. Pero quizá sea solo el viaje lo que enciende el ánimo y la esperanza de alcanzarlo, antes de llegar. Una vez en destino, ya todo cobra menos importancia y las expectativas se desvanecen al comprobar que la vida sigue siendo igual, aquí o allí, allá donde vamos, más difícil o menos, más sucia o limpia. Quizá la esperanza está solo en el trayecto que hemos de transcurrir, sobre o entre montañas, cruzando mares o inmensas extensiones de tierra, más o menos fértil.

Todo es mentira

Nada o muy poco es cierto en el mundo actual. Las telarañas de mentiras cubren, al igual que la omnipresente contaminación, todas las calles de nuestras ciudades, levantadas a base de engaños durante siglos de fallidos intentos de civilización. La publicidad y el marketing son la madre de todas las mentiras y componen el legado del siglo XX, el cual trata de perdurar en el nuevo milenio, pero empieza ya a pudrirse en un mundo acelerado por los cambios económicos y sociales. Todo se basa en engañar a otros para que gasten lo poco que tienen o que apenas les queda en cosas que no les hacen falta. Y más efectivo es mientras más grande es la mentira. La apariencia de llevar lujo y riqueza aparejados no te hace mejor persona, solo es reflejo de la imagen que quieres dar, pero es más fácil atraer a otros a cumplir tus deseos dando esa imagen que dando la auténtica, la de un simple y débil ser humano. Todo se basa ahora en mentir y hacer convincente tu mentira, con el fin de sacar provecho de ello. Esta es la base de casi todas las empresas humanas con ánimo de lucro, la base de vida de familias enteras que tratan de pisotear al resto de familias que les dan trabajo y consumen pagando el fruto de su propio trabajo.