Focus

Y lucha, lucha sin parar. No por ti, ni por demostrar nada a tus enemigos. Lucha por tu idea, que es única, y nadie mejor que tú sabrá llevarla a buen puerto.

Lucha por tu ideal, por el objetivo que persigues. El tuyo siempre será único. Nadie podrá arrebatarte el modo de hacerlo, porque solo tú sabes hacerlo mejor que ningún otro. Solo tú puedes alcanzar lo que persigues. Los demás únicamente pueden copiarte sin el mismo fin o bien buscar un fin similar, pero hacerlo a su modo.

Películas de guerra

Nos criamos entre llantos y gemidos épicos, acordes malditos que nos ponían la piel de gallina y nos incitaban a movernos y tirar para adelante, sin dejar que nos tragase el sofá, aunque todo el show duraba mientras estuviéramos confortablemente sentados en medio del salón. Allí se hacían realidad y tornaban en materia los sueños de otros visionarios más capaces, años más tarde infantilizados, reducidos al olvido o al desdén.

El cine nos liberó, igual que hacía con la gente en sus inicios, abriéndonos la puerta a imaginar de otra manera enteramente distinta, más cómoda, pero no por ello peor ni mucho menos valiosa. Al contrario, hacer una buena película debe ser el trabajo más duro del planeta.

Oda Bucólica

Eran caminos recorridos por bicicletas o pies enfundados en botines, ancestros de las actuales zapatillas, o bien botas de montaña, según la ruta que tocara recorrer aquel día y estación del año.

Eran caminos trazados más tarde sobre hojas de papel amarillento y fino, emborronadas a lápiz; dibujos basados en recuerdos de imágenes infantiles.

Eran senderos semiocultos bajo árboles de ribera, entre los cuales fresnos y chopos, duros y salpicados de escalones naturales, amenizados una decena de veces por puentes viejos que se movían ligeramente al caminar sobre ellos.

Bajo nuestros pies corría el agua cristalina, llevándose mi vida consigo.

Ruta romántica

El camino a Ronda podría parecer rápido y directo, pero se trata de una cuesta eterna, extendida bajo el aleteo de los buitres y el susurro de las ramas de los pinsapos. Se inicia a lo largo de una breve autopista que más tarde pasa a convertirse en una fina autovía, y ya nunca vuelve a ser otra cosa a lo largo de toda la tierra fronteriza, cuna de la bandolería.

Piratas y bandoleros, ¿acaso no se trata de la misma cosa? Bandoleros son los piratas de las montañas, y las montañas surgieron de las profundidades del mar. Richard Ford los conocía bien y quería vestir como ellos, pero solo era un invitado ante esta inmensidad hermosa y española. Como tú, como yo.

Empieza esa ruta a los pueblos nazaríes y benimerines, la ruta de los viajeros románticos, que ya no existen sino en las rocas y en la imaginación. Empiézala en tu cabeza y termínala cuando no te queden más fuerzas. Y vuelve a ella cada vez que puedas a recordar lo que fuimos y no somos.

La taberna del fin del mundo

Hay una especie de bar excavado bajo roca, de paredes humedecidas y casi lloronas, inmerso en un valle florido, donde la noche no termina nunca.

Hay un pueblo yacente bajo montes surcados por un estrecho río, habitado por casas de piedra que guardan el calor del verano en invierno y refrescan al llegar la primavera.

Hay una muchacha de ojos grandes y tobillos finos, desconsolada, que sueña con ir al mar, pero vive en la Sierra.

Hay un camino que lleva a lo más hondo del valle, pero para volver se sale por otro sitio, por otra provincia.

Hay miles de detalles como estos que pasan inadvertidos para los ojos acostumbrados a la realidad, pero antaño lo eran todo cuando fuimos niños.

Mañana solo nos quedarán los recuerdos. Nunca volveremos al mismo lugar.

Road

La llamo la Ruta 90, porque noventa son los máximos kilómetros permitidos por hora durante casi todo el trayecto. Los neumáticos arden bajo el capó, sobre un asfalto a punto de derretirse. Una larga recta hasta las montañas, camino directo hacia el fondo del mar levantado hace milenios, cubriendo la tierra —entonces virgen— de sal y de vida.

Tras pasar las colinas marrones que anuncian la frontera y pasar por aquel pueblo de paciente nombre, llegamos al cruce sobre el río más caudaloso de la provincia del Sur. Lo cruzamos despacio, a lo largo de toda una majestuosa curva erigida sobre matorrales.

Entonces me acuerdo de hace dos décadas, cuando aún prácticamente no existías, pero te llevaba en mi corazón, igual que ahora, aunque a veces no quieras. Hoy te he recordado que sigo existiendo.

Somos capaces de hacer mejor lo que tocamos, y mucho peor lo que ignoramos.

Abierto hasta el Amanecer

Con los ojos secos y brillantes, pocas horas de sueño encima, y una fiebre alta que no me deja apenas moverme, sigo viajando, incansable, en busca de lo que nunca encontraré, salvo por breves momentos de fugaz lucidez.

Por delgadas rutas verdes interprovinciales, bajo cimas puntiagudas y rodando sobre infraestructuras gastadas, entre pinos, sorteando montes cubiertos de matojos aleatorios, al fondo hay una ciudad escondida, nuestro próximo destino.

Antaño, no hace mucho tiempo, nos guarecíamos bajo la roca para protegernos del frío invierno. En lugares ancestrales como este lo siguen haciendo, al igual que nuestros antepasados, los últimos pueblos libres del Sur.

Contemplo un río antiguo excavando su garganta bajo casas de piedra mientras imagino que me recupero y que esta noche podré salir un rato a contemplar las estrellas antes de irme a dormir.

Un día pasado bajo la roca, mañana marcharemos sobre ella.

Un Día

Quiero ver pasar todo un día, un solo día entero, lentamente, como si estuviera sentado desde un balcón de madera colgante, frente a toda la Sierra.

Quiero ver amanecer desde detrás del monte Albarracín y ver luego ponerse el sol tras los campos que rodean Algar, entre colinas verdes y serpenteantes veredas, camino de Arcos, haciendo brillar, a lo lejos, los pantanos.

Quiero hacerte el amor a media tarde, tras haber comido, bebido y cantado, antes de que salgan las estrellas que nunca consigo fotografiar con nitidez.

Un día de pausa, un día de paz. Un día vivido.

Trayecto

Cuando era pequeño me encantaba ver cualquier medio de transporte. Coches, trenes barcos y aviones, cohetes espaciales… El vehículo es el medio de alcanzar lo inasible, lo inalcanzable. Pero quizá sea solo el viaje lo que enciende el ánimo y la esperanza de alcanzarlo, antes de llegar. Una vez en destino, ya todo cobra menos importancia y las expectativas se desvanecen al comprobar que la vida sigue siendo igual, aquí o allí, allá donde vamos, más difícil o menos, más sucia o limpia. Quizá la esperanza está solo en el trayecto que hemos de transcurrir, sobre o entre montañas, cruzando mares o inmensas extensiones de tierra, más o menos fértil.

Noche Pirata

Llovía al final, refrescando el suelo del calor de la ya vencida tarde. Caían frágiles gotas que parecían ensuciar los adoquines de la calle más que baldearlos, cubriéndolos de motitas grises. El enorme farol amarillo hacía brillar y resaltar todas y cada una de las piedras. Era una lluvia antinatural, extrañamente monótona, pero real y fría como el hielo. A lo lejos, tras las espadañas de las viejas iglesias, se oían tañidos de campanas de navíos, desde el distante puerto. Olía algo así en el aire como mercancías traídas desde el oeste, podridas bajo el sol, anunciando que llegaba el esperadísimo verano.

El tiempo había cambiado, el viento soplaba desde el mar embriagando el aire de la calle de sal y especias. Al fondo del río, entre cables y grúas con aspecto de grullas, se abría el inmenso mar.