Buscadme en medio de valles remotos,
entre pinsapos si es posible,
vestido de guardabosques y arrodillado
frente a un caño de agua bajo roca
que mane luz y aceite.
No estaré en las calles de los hombres.
Un día me hallaréis quizá postrado,
en la más alta almena del Torreón,
sin fuerzas, bajo estrellas mortecinas,
sobre un cielo amenazando tormenta.